¿Cómo vivimos en nuestra propia casa?


La Oración en la Iglesia primitiva y en la Iglesia de hoy

01 - Orando por la dirección de Dios para la Iglesia.





Notas para el estudio en Grupo   


02 - La Iglesia orando por la dirección del Espíritu Santo.




Notas para el estudio en Grupo


03 - La oración en la vida de los primeros creyentes. 





Notas para el estudio en Grupo


04 - La oración preservó a la Iglesia en las crisis.






 Notas para el estudio en Grupo


05 - La oración y el nacimiento de las Misiones





Notas para el estudio en Grupo

La Imagen de Cristo

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   La Imagen de Cristo

Existen en la vida cristiana enemigos que tratan de impedir que Dios cree en sus hijos la imagen de Cristo.  Tales enemigos viven en nosotros y son los que a diario se oponen al Artesano de la Creación y despliegan delante y dentro de nosotros tentaciones a través de todo lo que nos rodea.  No nos debe sorprender que muchas de las cosas que a diario están en contacto con nosotros nos tienden trampas para hacernos pecar.    Dios esta dispuesto a socorrernos en tiempos de pecado.  El ve cada momento de nuestra vida, aun cuando no haya llegado para nosotros.  El nos presenta por su palabra un cúmulo de riquezas incalculables como herramientas que nos servirán en tiempos de tinieblas.  Pero además El tiene el poder, y así nos lo ha trasmitido, por su Espíritu, de manera sobrenatural para impedir que el pecado sea una realidad en nuestras vidas, El esta dispuesto a perdonarnos y también a levantarnos de nuestra caída.  Esto es parte de la lucha por la santidad.  Para comprender un poco más sobre el tema de la santidad comencemos por una palabra que nos identifica como seguidores de Jesús, la palabra “santo”.     Santo significa “apartado”, “separado”. Debemos entender que la voluntad de Dios es nuestra santificación. 1 Tesalonicenses 4:3a “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación”.  Además, la Biblia también dice que hemos sido llamado a ser santos: 1 Corintios 1:2 “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos...”, en esta salutación que hace el apóstol Pablo en cada una de sus cartas a las iglesias él se refiere “a los santos”: 1 Co. 1:2; Ef. 1:1: Fil.1:1; Col. 1:2.      Entonces la santificación es un acto de Dios efectuado por Su Palabra y el poder de Su Espíritu, por medio del cual "el viejo hombre”,  como se identifica en la Biblia la condición corrupta del ser humano[1], es combatido completamente. Entonces, en el acto de la justificación el pecador es perdonado de sus transgresiones personales; mientras que en el acto de la santificación, la raíz de la corrupción del pecado es extirpada.  Aunque el creyente santificado está libre de la ley del pecado y la muerte se lucha una batalla interna contra nuestra carne “pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.”  Romanos 7:23. Esta batalla está ganada en la cruz por el Redentor y el apóstol nos anima a tomar la victoria en nuestras manos “Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.” Romanos 6:19. Así también nuestra iglesia, The Church at Brook Hills, nos estimula y demanda de nosotros un paso de fe para que Dios cree en nosotros la imagen de su Hijo, y llevar así  una vida que se caracterice por la "pureza de corazón" y una consagración plena a la voluntad de Dios a través del ministerio de la Palabra y del Espíritu Santo. 




E.Torres
[1] Efesios 4:22: “…en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos

Así nos hizo el Señor

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Así nos hizo el Señor
Génesis 1:26–28

En el relato de 1:26–28 hay cinco palabras hebreas de rico contenido semántico que describen la acción y las cualidades que puso Dios dentro de cada ser humano. Barah , significa que Dios creo sin tener a mano ninguna materia prima. Dios hizo de la nada. Selem y demut, se traduce "imagen y semejanza" son las capacidades esenciales para poder comunicarse con Dios. Radah y kabash, se traduce "dominio sobre" (v. 26) y "sojuzgadla" (v. 28).

Este conjunto de palabras nos permite elaborar las siguientes verdades acerca de cómo nos hizo el Señor. El ser humano fue creado por Dios. Somos producto de su mano y no resultado de la casualidad u otros factores. El ser humano fue creado por Dios con la capacidad de relacionarse con él; por eso podemos razonar y hablar. El ser humano fue creado por Dios con la capacidad de ser administrador  general de todo lo creado. El hombre puede hacer lo que bien le parezca recordando que tendrá que dar cuenta de sus actos.  El haber sido creado por Dios con capacidades especiales, conlleva la responsabilidad.

El testimonio de las Escrituras es que Dios desea una relación personal con Su creación, y especialmente, con el hombre quien Él creó a Su propia imagen. Esta es una de las verdades más grandes del cristianismo. Dios no es una “cosa” impersonal incapaz de tener una relación con otros, y el hombre no es un accidente cósmico a solas en el universo. Dios creó al hombre para que el hombre lo conociera y fuera destinatario de Su bondad. Cuando la relación entre el hombre y Dios fue rota por el pecado, Dios envió Su propio Hijo para que ésta relación fuera restaurada. Todos los que han sido reconciliados con Dios por medio de la fe en Su Hijo pueden tener la más grande confianza de que Dios busca una relación personal con ellos.

Y por último, Necesitamos saber que el amor es duradero. En el momento en que el ser humano rompe sus relaciones de amor con su prójimo, sean cuales sean esas relaciones,  es devastador porque pone fin a la historia. Así nada más. El pasado se perdió. El futuro es incierto. Las fotos se quitan de las paredes. Algunos nombres nunca más se mencionan. Se termina la historia de amor. Ya no puedes contar con nada. Empezó con “había una vez” y terminó en un vacío”.  Las más grandes alegrías no nacen de las aventuras que se experimentan en soledad, sino de las aventuras en las que nos invitamos para disfrutarlas juntos, reírnos juntos, hablarnos, jugar y comer juntos. Las mejores experiencias con Dios son las que vivimos con Él en intimidad.  Todo pierde sentido cuando creemos que con solo venir cada domingo al culto hemos hecho suficiente para relacionarme con Dios, eso no es cierto, la vida cristiana está llena de acciones que nos hacen vivir una buena relación con Dios, orar, leer su palabra y estudiarla, cantar alabanzas para aquel con el tengo las mejores relaciones, Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo.